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Hoy, hace quince años

"Dile que lo quiero, dile que me muero de tanto esperar" No recordaba cuánto duele… y no sé si me duele la nostalgia por lo que se ha ido o por lo que fui. Recordar aquel año es recordar un deambular sin calma; el antes y el después de su estancia: mis pasos lentos, mi mirada ansiosa, mis oídos sordos de tanto escuchar las mismas canciones como si al hacerlo la espera fuera menos desquiciante y la despedida no llegara nunca. “Reloj no marques las horas porque voy a enloquecer…”, repetía en mi cabeza una y otra vez la mañana del 2 de mayo; ese domingo soleado, el día de su partida, tan distinto a los días nublados previos al concierto. Acodada en la barda de la azotea, sin dejar de mirar al cielo y sin poder contener el llanto cuando el motor de alguna aeronave llegaba a mis oídos, oraba por un milagro: que por alguna razón él no se subiera a ese avión y se quedara aquí por siempre. Verlo a unos cuantos metros había sido como si el tiempo hubiera detenido su marcha,...

El hombre de la bufanda blanca (o Así empezó)

El primer kinder que Laurita conoció era un salón inmenso iluminado apenas por una pequeñísima ventana, lleno de rostros abominables con los ojos fijos y la sonrisa torcida; con los pelos enmarañados y las uñas largas en espera de alcanzarla. Las paredes gordas, como reflejadas en una esfera de navidad, estaban llenas de dibujos atroces (que en nada se parecían a las hermosas muñecas que su papá le dibujaba) y al frente de todos los entes diabólicos dispuestos a devorarla, estaba ella, la maestra sin rostro que movía las manos   cual posesa y hablaba en un lenguaje inteligible. En sus primeros días de escuela, Laurita no podía permanecer dentro del salón por más de media hora. Una vez que la clase daba inicio y segura de que mamá ya se había ido, se salía a toda carrera para dormirse en las jardineras y hubo una vez en que, incluso, llegó sola a casa ante el espanto de su madre que no se explicaba cómo había podido cruzar la avenida, sin embargo, pasada la sorpresa,...

Cómo conocí a Cruz

La mañana en que conocí a Cruz Trejo era soleada y limpia, o así me lo parecía porque los andadores de la ESIME AZCAPO estaban rodeados por trozos de terreno pastoso, verde y fresco que reconfortaban por mucho mi encorajinado espíritu.      La razón por la que yo, que había quedado fuera de reglamento dos años antes de la ESIME Culhuacán, anduviera nuevamente en terreno politécnico, se debía a que, al no tener nada qué hacer y habiendo sido rechazada por la UNAM y por la UAM en el mismo año, pensé que lo único que me quedaba por hacer para no sentirme de plano fracasada y sin futuro era estudiar inglés. Y sin embargo me encontré con que en el CELEX el bimestre recién comenzaba y había que esperar los obligados dos meses para poder inscribirme o al menos hacer el examen de colocación. Abatida por esa angustia que se siente al no pertenecer a ningún lado, me dirigí a la salida apenas conteniendo el llanto que me aquejaba desde mis dos rotundos fracasos por estu...

Detalles

No sé si te gusta el café negro o con leche; si lo prefieres acanelado, capuchino o expreso o te basta con echar una cucharada de instantáneo a un vaso de agua de la llave, sólo sé que tomas café por la mañana, aunque ignoro si por el sabor, por mera costumbre o porque es lo único que te mantiene despierto; también sé que lo arduo de tu jornada te obliga a bebértelo a tragos y en el menor tiempo posible. Me gusta imaginar los detalles que te definen porque sólo conozco tu habla rasposa y tus facciones finas; que no te quitas la gorra por nada del mundo; que a menos que el frío entumezca tu carne te resistes a usar suéter y que no hay un sentimiento claro detrás de tus sonrisas. Conocer tu historia, lo que te hace ser, me lleva a buscar de entre un mar de posibilidades aquellas que terminen de construirte; sé que te fascinan el futbol y The Beatles (que siempre me ha parecido una combinación detestable); que tienes los brazos velludos y que te encantan las caricaturas (aunque ten...

No puedo dormir

La expresión de la que puedo hacer uso en estos momentos es "me difumino". Son las 3 de la mañana y desperté de pronto; yo que en estos últimos meses había entablando con mi cama una estrecha relación, pues apenas tocar la almohada y hacerla un molote del que me aferro como náufrago a un madero era presagio de una noche de sueño tranquilo y reparador; de esos de los que uno no despierta ni aunque pase un tren como dice esa expresión tan trillada. En estos meses no he hecho otra cosa que trabajar y sólo trabajar, no es que no lo haya hecho antes, es sólo que es la primera vez que el trabajo se ha vuelto en mi vida el único objetivo, y no simplemente un medio para lograr algo. Mi rutina es tan simple y tan monótona, que a veces confundo un suceso ocurrido dos días antes con el de unas horas; es como aquellos años de escuela en los que no había novedades y, aunque todos los días eran iguales, no me costaba trabajo levantarme y disfrutaba en extremo madrugar y llegar c...

El yang...

Imagen
...Y de nuevo el cuerpo vive. Se estremece. Arde presa de tu candor. Los sentidos alertas, la carne hambrienta. No estás, no vendrás ; el tiempo se ha quedado en tu rostro y en tus cabellos, mas tus ojos, tus ojos vacuos, ángel varado en la luz; tus ojos de pureza indiscutible, de frialdad infame, han de permanecer hasta que la memoria alcance o el tiempo concluya.   ¿Y qué si pudiera tenerte, adorarte, poseerte ... si el hechizo anida aún cuando no sé de tu tersura, de tu textura, de tu color?