"Dile que lo quiero, dile que me muero de tanto esperar" No recordaba cuánto duele… y no sé si me duele la nostalgia por lo que se ha ido o por lo que fui. Recordar aquel año es recordar un deambular sin calma; el antes y el después de su estancia: mis pasos lentos, mi mirada ansiosa, mis oídos sordos de tanto escuchar las mismas canciones como si al hacerlo la espera fuera menos desquiciante y la despedida no llegara nunca. “Reloj no marques las horas porque voy a enloquecer…”, repetía en mi cabeza una y otra vez la mañana del 2 de mayo; ese domingo soleado, el día de su partida, tan distinto a los días nublados previos al concierto. Acodada en la barda de la azotea, sin dejar de mirar al cielo y sin poder contener el llanto cuando el motor de alguna aeronave llegaba a mis oídos, oraba por un milagro: que por alguna razón él no se subiera a ese avión y se quedara aquí por siempre. Verlo a unos cuantos metros había sido como si el tiempo hubiera detenido su marcha,...
Debía publicarlo el día 6, pero hasta ahora pude terminarlo, espero te guste... Vamos por los que siguen... salud!
ResponderEliminarSólo quiero agregar que sí conocía como 4 canciones de Metallica u_u.
ResponderEliminarAh, y que mi copete no era ánime... si, daba risa, pero no era ánime.